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Goodbye, Nameless.

❝The end of the boring path is the beginning of a new boring story❞

Toda persona ha de tener una historia que contar. Se conoce esto como un hecho indudable y característico de la especie.
Antropólogos dicen, que uno de los factores que nos diferencian de los animales yace en el hecho de tener una historia en común, que conecta líneas temporales entre todos los individuos de la especie, y que cada una de esas lineas tiene su relevancia dentro del plano de la realidad.

En otras palabras, porque tenemos un pasado, es que nosotros sabemos en dónde nos paramos y cuáles son nuestros ideales para un futuro.

Pues, dentro de esa inmensidad de líneas que se interconectan formando un precioso tejido de historia humana, se encuentra la de cierto azabache nacido por mano de la ciencia.

Esta, a fin de cuentas, es la historia de un individuo cuyo cuerpo tiene la edad de un adolescente, cuya mente presenta una lógica que la aparta de la naturaleza de la especie, pero posee el alma de un niño de cuatro a cinco años.

Porque literalmente, él había nacido conociendo la mundo como la palma de su mano, pero sin haber experimentado ni un ápice del mismo.

Este azabache fue alabado como un dios por el hecho de poder hacer absolutamente  t o d o  lo que se propusiera. Era un mero recipiente para todos los talentos que colmaban nuestro mundo de diversidad, y por ello es que esas personas le construyeron un trono en el cual sentarse por encima de toda la especie.

Pero véase, que esta es la historia de un falso dios qué se aburría de ver la vida desde su lugar actual. Su capacidad de análisis le permitía predecir los múltiples finales de todas las historias que se presentaran ante sus ojos. Era una figura que todo lo podía y supuestamente todo lo tenía.

Pero si algo le faltaba, era una historia propia, eran emociones, era la humanidad.

Y quizás solo por eso, es que hubo de levantarse de su trono para lanzarse sin más a convivir con las personas de abajo.

Optó convertirse en uno de ellos.

— . . . —figuras borrosas, un techo blanco, una ventana que daba al exterior de la tercera isla. Presentaba un ligero mareo, pero nada que impidiera a su sentido de la visión vislumbrar con mayor claridad pasados los minutos.

Kamukura Izuru había despertado después de mucho tiempo inconsciente.

Se llevó una mano al estómago de forma instantánea, y se percató de que estaba vistiendo las ropas de un paciente. Estaba en el hospital.

¿Cómo es que llegó ahí? Lo último que recuerda fue entrar en su habitación y--.

Los orbes carmines se posaron sobre un contenedor sobre la mesa más cercana. Ahí adentro se podía ver los fármacos que intoxicaron su cuerpo durante toda la semana combinados con el color de su propia sangre.

Si, lo recordó todo.

La Ultimate Psychiatrist, GAIA, era una de sus compañeras dentro del juego de matanza mutua en Jabberwock Island, pero en un pasado ella fue su psiquiatra principal, parte del cuerpo médico que le trajo a la vida, parte del proyecto Kamukura.
Durante la estadía, ella vio sus intentos de desarrollar un lado humano, y quiso ayudarlo. Pero la desesperación le invadió al momento de sentir que tenía poder sobre él, y cayó. Manipulando su sentido de la razón, GAIA despertó y potenció su faceta suicida hasta los límites, se reanudaron las experimentaciones del Proyecto Kamukura, y durante toda la semana su cuerpo pasó la factura de tanta agonía pasada.

Intentó suicidarse para acabar con todo, pero cayó inconsciente antes de que pudiera llevarlo a cabo.

Y allí estaba el azabache, al que en un pasado solo le habían dicho que… vino al mundo para morir.


Y recién ahora se daba cuenta, de cuán equivocada estaba.

— . . . —apartó las sábanas de su cama, se levantó, tomó una libreta y un lápiz, y finalmente se aproximó a la ventana de la habitación para abrirla. Al haber recibido un tratamiento en contra de las drogas, y al haber descansado una cantidad indefinida de horas, sus fuerzas y habilidades motoras estaban casi totalmente recuperadas.

Por lo que no resultó dificultad alguna abandonar el hospital saltando desde la ventana de su habitación, la cual a fin de cuentas estaba en planta baja. No iba a llamar la atención de nadie saliendo por la puerta principal, así que vio mucho más viable evitarla directamente.

Qué chico más particular.

De andar firme pero pausado, comenzó la marcha hacia un destino en particular, tomando rutas que le permitieran no ser visto por ningún otro estudiante, pues sabía que intentarían regresarlo al hospital de solo ver su estado.

Caminó hasta salir de la tercera isla, y adentrarse en la segunda. La ruta estaba marcada en su mente, y su destino final era la playa y la pequeña casita de ahí. Destino al cual llegaría al poco tiempo. El oleaje era mucho más calmo que el de las playas de la primera isla.

Noches anteriores, su moribundo cuerpo fue a ese lugar en pos de buscar un poco de calma para su cabeza atormentada por las migrañas. Allí encontró la compañía que necesitaba para pasar una sola noche de paz, y al día siguiente todo se fue por la borda, y acabó inconsciente tras intentar suicidarse.

Pero véase que allí estaba una vez más.

Se aproximó al agua, y dejó que la misma envolviera sus pies. Sacó la libreta y el lápiz de sus bolsillos, y sobre el lienzo del papel comenzó a escribir.

"Te mentí.

Mi nombre no es Kamukura Izuru. Solo soy el primer sujeto de pruebas exitoso del proyecto Kamukura.
La verdad es que... no tengo nombre…
"

En esa playita, estaba reescribiendo la nota de suicidio entregada a Naegi Makoto cuando todavía estaba cuerdo.

"Soy el prototipo 1.0 de una larga serie de experimentación humana ilícita, destinada a completar pruebas hasta alcanzar el límite brindado por la muerte. De los resultados que salieran de esas pruebas, se realizarían cambios y mejoras a la hora de crear un segundo prototipo que representará el ideal de perfección absoluta... Por medio de la posesión de todos los talentos del mundo."

Y solo fue necesario experimentar la agonía de un infierno en la Tierra para darse cuenta de cuán equivocadas estaban sus propias palabras.

"No existe un puñado de esperanza para quien llegó al mundo con el explícito propósito de perecer. Los actos que me trajeron a la vida solo pasan factura en estos tiempos... Que son los últimos.

Mi cuerpo está llegando a su límite."

Porque su cuerpo había logrado aguantar más de cuarenta psicofármacos en pastillas. Había aguantado las migrañas, las alucinaciones, y la insufrible agonía solo para llegar hasta donde estaba ahora.

Estaba mal, él tan solo estuvo al borde de la muerte.

"Y esta nota serán todos los restos que queden de mi, un individuo sin pasado, ni presente, ni futuro.

Nameless 1.0 "
 

Pero no significaba que fuese el final de su historia, la cual… simplemente estaba empezando.

Arrancó la página escrita de esa libreta, y la dobló hasta quedar como un avión de papel. Se distanció unos cuantos pasos del nivel del agua, y permaneció observando la imagen del océano frente a sus ojos.

 

— . . . Un millón trescientos cuarenta y tres mil finales fatales, han de descartarse con tan solo volver a abrir los ojos —se había dado cuenta, de que el propósito otorgado por mano de otras personas, no significaba que fuese el verdadero propósito que la vida le tenía resguardado.

 

Por lo que… ese azabache ya no tendría como meta, el perecer en algún momento porque el mundo le aburriera.

 

— Y se han abierto dos millones de puertas más.

Tomando impulso, comenzó a correr para acortar la distancia tomada, únicamente para así poder lanzar ese avión de papel con destreza, y que éste volara en línea recta hasta perderse entre el azúl del mar.
Una etapa de su vida, había quedado atrás, Nameless 1.0 no volvería a aparecer, porque ese chico ya no buscaría su propia muerte.
Era momento de cambiar el rumbo.

Pero… "¿Hacia dónde dirigirse ahora?" Fue una cuestión que invadió su mente al tomar asiento entre la arena.
Ciertamente, tenía muchas opciones y posibilidades. Y sin embargo, la idea de seguir el camino que estaba transitando hasta ahora, sonaba mucho mejor que un camino con destino a la muerte.
Él seguiría buscando la forma de desarrollar sus emociones humanas, a la par de todas esas personas que le brindaron una mano en sus momentos de mayor agonía. Quizás así, una historia tan aburrida como la suya se vería colmada de esperanza.

En efecto, Nameless 1.0 había quedado atrás.

Su nombre, es Izuru Kamukura.

Y él, es el Ultimate Artificial Hope.
 

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