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Perfection's Despair

『Aʟᴛᴇʀɴᴀᴛɪᴠᴇ  ̶E̶x̶ᴇ̶ᴄ̶ᴜ̶ᴛ̶ɪ̶ᴏ̶ɴ̶  Eɴᴅɪɴɢ』

Uno de los factores que caracteriza a la humanidad es el sentido de la autosuperación, el cual conocido es por ser insaciable y no reconocer fronteras que le detenga.
El objetivo de la autosuperación es la supuesta perfección, la capacidad para hacer y prever todo, consiguiendo la posterior satisfacción y orgullo por todo lo esfuerzo y tiempo invertido.
Llegó un punto de la historia de la humanidad en que se creyó haber traído al mundo, por mano propia, ese ideal de perfección absoluta.

La encarnación del talento, conocido por muchos.
Su pequeño experimento humano con grandes y positivos resultados, era prácticamente un milagro para la ciencia, el haber podido traer a la vida a un ser perfecto.
— . . . —
La historia muchos la conocen. A este ser se le hizo un trono sin joyas ni nada que desear o envidiar, para que se sentara ahí a observar a la humanidad cuya entera esperanza recaía sobre sus hombros. El muchacho no intervenía, ni le interesaba, le era indiferente todo aspecto del mundo en que le tocó residir. La realidad era una completa y absoluta historia  a b u r r i d a  de la cual conocía todos sus rutas y finales.

Y aún así, hizo muchas cosas por el mero hecho de probarlas, sabiendo que al final terminaría sin sorprenderse o decepcionándose.
Así fue como comenzó el juego de matanza mutua. Este ser perfecto, colocó a un puñado de estudiantes en un mundo virtual y a través de un virus instalado en el sistema, organizó un juego que obligó a todos esos jóvenes a matarse entre ellos.
Tanto como la historia, el final de la misma también se supo, la tan aburrida esperanza que recargaba en sus hombros resultó vencedora al unir lazos con la idea de buscar un brillante futuro. La mente maestra detrás de todo el juego, Kamukura Izuru, fue derrotado al ver a su creación, Enoshima Junko IA, ser destruida por el peso de los ideales de aquellos estudiantes que llegaron hasta el final.


Ni siquiera eso le llegó a sorprender.

El muchacho de largos cabellos azabache incluso ayudó al protagonista de la historia, Hajime Hinata. Durante el momento de mayor desesperación, se realizó un trato, un intercambio entre estos dos entes que compartían un mismo cuerpo. De esta manera, ambas partes podrían obtener lo que añoraban desde que todo comenzó.

Talentos a cambio de humanidad.

— . . . Esto es tan aburrido.

Sentado en su trono, la encarnación del talento con la susodicha humanidad adquirida, vio a los sobrevivientes desaparecer enfrente de sus ojos, para regresar al mundo real.
Uno al que él no podría regresar.
Las paredes se desintegraron cual códigos siendo eliminados segundo a segundo. El Neo World Program estaba por terminar de apagarse y reiniciarse, tanto la existencia de Junko como la suya iban a ser eliminadas del sistema.

 

Kamukura iba a morir.
Aún así no se inmutó, de hecho, era algo que esperaba desde hacía mucho tiempo.
Y ni siquiera movió un dedo cuando el suelo en el que se situaba la sala del juicio terminó por desaparecer. Cayó por una corta cantidad de tiempo, pero suficiente fue para quebrar sus piernas al impactar.
Quizás fue intencional, debido a que nunca antes había experimentado el dolor, en el momento en que el mismo le invadió y agolpó su cuerpo con fuerza, un grito afloró por su garganta.

— Esto... Es el dolor —llegó a definir con voz ronca, como si le faltara el aire, dado que la parte inferior no era la única que sufrió la caída.

Pero vaya que se había equivocado.

El dolor apenas comenzaba.

Necesitó unos cuantos minutos para regular la respiración. Intentó levantarse pero fue totalmente inútil, no podía apoyar el cuerpo ni siquiera sobre sus rodillas, perdía el equilibrio y volvía a caer.

— Tch… —viendo la poca utilidad de seguir peleando por ponerse de pie, prefirió quedarse boca arriba.

Se percató así que estaba en el centro del sistema, cada momento vivido durante el juego estaba representado mediante códigos como imágenes que flotaban en el espacio, sin soporte y sin patrón fijo de movimiento.
En el centro de todo, sobre el suelo, un peluche de Monomi se situaba allí, sin vida, una de las balas de Monokuma le había roto el cuello sin llegar a decapitarla, el relleno de algodón sobresalía.
Cuanto se había dado cuenta de ello, sus brazos ya estaban tratando de arrastrar el peso de su cuerpo hacia aquella dirección.

¿Por qué? ¿Por qué estaba tratando de llegar hacia allá?

 

Es inútil que lo intentes

 

Lo sabía. Lo sabía demasiado bien. Pero aún así allí estaba, invirtiendo sus fuerzas en arrastrarse sobre el codificado suelo hacia un peluche que anteriormente había tenido vida propia.

 

¿Qué vas a ganar siguiendo patrones de actitud tan predecibles y aburridos?

 

Se detuvo en seco durante unos segundos.

 

Quien le hablaba…

Era él mismo.

 

Me decepcionas

 

Se estaba castigando a si mismo por todos los pecados que había cometido.

No le importó, quería ignorar esa voz, trató de enfocarse en aquellos sonidos que le circundaban, no en la que habitaba en su propia mente y le torturaba con razonamientos lógicos.

Llegó así a sus oídos la voz de Sonia Nevermind, Peko Pekoyama, Mahiru Koizumi, Gundham Tanaka, Nagito Komaeda, todos los estudiantes de la clase setenta y siete.

Lo que en un principio resultó ser un escape, terminó por convertirse en otro elemento que aumentaba sus martirios.

Aquellas voces comenzaron a hacer demasiado ruido.

Escuchar los momentos compañerismo, los que rebosaban de alegría, aquellos en los que gritaron por la desesperación, el sonido de la carne siendo cortada, las arcadas, la deformación del hueso al ser impactado con un objeto contundente, el metal cayendo y estrellándose contra el suelo.
La felicidad, la tristeza.
La esperanza, la desesperación 

¿Por qué les hiciste pasar por tanto dolor?

Otro grito salió de sus labios, ordenaba silencio, no fue consciente de que era muy difícil controlar los pensamientos cuando las emociones interferían, la voz de su subconsciente no se iba, ni tampoco la de aquellas imágenes que flotaban sobre su cabeza.

Nunca hubo necesidad en primer lugar. Posiblemente algunos nunca despierten. Lo sabías y ni aun así hiciste reparo en mandarlos a matarse entre ellos.

Sus brazos temblaban, mejor dicho, su cuerpo entero lo hacía. A veces hacía un mal agarre o simplemente las fuerzas le abandonaban y se golpeaba contra el suelo.
 

Intentó no una.
Si no dos.
Tres.
Cuatro.
Cinco.
Seis veces más.

Los ciclos son parte de la naturaleza humana. La desesperación y la esperanza son parte de esos ciclos. No importa qué, ellos van a pasar por todo. Lo que hiciste fue tan innecesario como el haber permanecido inmóvil mientras 'esa persona' moría al frente tuyo.

Kamukura no se detenía. No se detenía a pesar de las fuertes emociones que le causaban más dolor que las heridas que presentaba su cuerpo. Quería llegar hacia donde estaba ese peluche. A cada caída su mente le engañaba y le hacía creer que estaba lejos, que no había avanzado nada, que Monomi se alejaba de él como si estuviera burlándose de su patético estado.

¿Por qué tanta apatía? ¿Por qué tanto desinterés? Sabías que todo era cuestión de actitud. Sabías que podías vivir esa irrelevante vida tuya de otra forma.

Kamukura Izuru.

Elegiste el camino más corto y fácil.

En sollozos poco a poco cedió a la suplica, quería que todo se detuviera. Que ese maldito programa terminara de reiniciarse y su existencia fuese eliminada.
No obstante, no quería irse sin antes alcanzar a Monomi, sin antes abrazarla y pasar sus últimos segundos de vida al lado de la misma.
Kamukura no veía ahí a un simple peluche, si no a un pequeño fragmento de esperanza al cual podía aferrarse antes de morir.

Kamukura veía a Nanami Chiaki en esa pequeña porción de esperanza.

Pero…
 

¿Por qué aferrarse a la vida, cuando tú perdiste la oportunidad de vivir la tuya? ¿Por qué buscar emociones, si no las mereces?
¿Por qué esperas ser amado, si nunca pudiste querer a nadie, ni siquiera a ti mismo?」

El ruido era tan insoportable que pensó más de una vez taparse los oídos y quedarse ahí. Pero no.
Siguió arrastrándose. Para ese punto no medía siquiera distancias, no sabía qué tan cerca estaba del peluche.
Lo peor fue mirar los alrededores y percatarse de que poco a poco todo empezaba a desvanecerse en códigos del sistema. El programa estaba por terminar de apagarse.
Se le acababa el tiempo.
Aún así… aún así no se rendía.
Si lo hacía…
Si lo hacía Kamukura Izuru caería de tal forma en la que nunca podría ser salvado, ni por nadie ni por si mismo.

 

Si desapareces ahora, nadie te recordará. Serás conocido como el "hombre de todos los talentos", como la versión corrupta de un chico que ni siquiera tenía una mísera similitud contigo, como aquél perfecto ideal de esperanza que la humanidad siempre quiso.

— Perfecto ideal… eso… siempre… fue… una…

「 D E S E S P E R A N T E   M E N T I R A 」

Su vista se nubló, producto de las lágrimas que comenzaron a brotar y no se detenían ni siquiera para darle tiempo a sollozar como era debido.
Lágrimas que eran nada más ni nada menos que suyas. Las palabras de su subconsciente le apuñalaban con una realidad de la que era consciente desde sus inicios. Escuchaba a su yo apático aún sin quererlo. Y lo peor, es que aún con emociones, aún con la humanidad prestada de Hajime, concordaba con aquellos razonamientos puramente  c i e r t o s .

La vida nunca te importó.
Sólo porque la tuya era artificial.

No le dabas valor al alma de quienes te rodeaban.
Porque nunca tuviste una para empezar.

Sólo has de ser un fallido ideal.
Una falla en sí misma.


Ahí estaba. En frente suyo se hallaba el peluche de Monomi. Para ese entonces el entorno ya había desaparecido casi por completo, la mitad de su torso había desaparecido entre códigos también. Murmurando palabras sueltas, sin significado, el azabache hizo un último esfuerzo para extender el brazo.
 

Debía alcanzarlo.
Quería...
Izuru quería estar con ella.

— . . . . —

La imagen de Nanami siendo atravesada por las lanzas apareció en su mente, seguido del pantallazo que mostraba en grandes letras el final de su vida.
Kamukura Izuru terminó por quebrarse en ese mismo momento. El tercer grito salió con tanta potencia que luego su garganta comenzó a arder como el mismo infierno.
Monomi había desaparecido antes de que pudiera tocarla con la punta de los dedos.

 

Kamukura Izuru
Le diste la espalda a la esperanza que se depositó en tus hombros.

La caída de las lágrimas empeoró, el azabache se dejó caer sobre el suelo porque no tenía más fuerzas.
— … Lo siento…
Las únicas dos palabras que se asomaban por sus labios.  Una y otra vez.

Perdiste tu oportunidad de tener un futuro brillante en el cual podrías sonreír como todo el mundo.

Nadie se quedó esperando por ti, ni nadie nunca lo hará.

Tus acciones no fueron perdonadas.


Tal como naciste, estás completamente solo.

Quiso negarlo. Él sabía que pudo hacer recuerdos llenos de esperanza junto a ella. Repitió más de una vez lo mucho que llegó a apreciar a esa persona.
Aún si jamás se sintió correspondido.
Aún si sentía que jamás lo vieron a él, si no que veían a Hajime.
Aún si su misma naturaleza nunca le permitió experimentar ni demostrar nada.
Aún si era una falla, sin alma, incapaz de amar.

Pero el eco de su voz no alcanzó ni a los oídos ni al corazón de nadie.
Estaba solo.

 

Y por tomar el papel de la mente maestra en un juego de asesinato mutuo sin sentido, se te ejecutó como es debido.

Al no tener esperanza, ni un pasado ni un futuro...
... terminaste cayendo en la  d e s e s p e r a c i ó n .

Y cerrando los ojos, con una expresión de absoluto dolor y sufrimiento, el azabache terminó por desaparecer volviéndose códigos que luego fueron eliminados del Neo World Program.
Aquella fue una ejecución particular sin duda.
Una en la que no se necesitó de un Monokuma, una Junko, o cualquier símbolo que pudiera representar la desesperación.
Después de todo, la única desesperación que Kamukura Izuru podía experimentar, era la que se daba al percatarse del peso de su existencia.
Que además de artificial, nunca tuvo el más mínimo sentido.

『 G A M E  O V E R 』

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