
The Fourth Wall
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Nuestro mundo está repleto de espacios destinados al encuentro de los individuos que habitan en él. Campos, ciudades, playas, embarcaciones en la mar o en los aviones que surcan los cielos. Lugares que componen la naturaleza que nos rodea, tanto como los que las civilizaciones alzaron con sus propias manos. Desde los tiempos remotos, estos espacios permitieron que cada persona pudiera relacionarse con otra y con el medio en sí.
Con el avance del tiempo, el inicio de las civilizaciones, el descubrimiento y la valoración de las expresiones artísticas, permitió a la especie crear nuevos espacios para interactuar.
Pero… ¿Con qué?
¿Con otros humanos? ¿Con los animales? ¿Las plantas? No precisamente.
El ser humano aprendió a convivir consigo mismo. Con sus ideas, con sus figuras imaginarias o las que se tomaron de otra persona. Aprendió a crear mundos dentro de su cabeza, y a proyectarlos en la realidad. Descubrió cómo tocar el corazón de otros individuos a partir de la esencia que significaba su espíritu. Supo cómo sembrar sueños y esperanzas en los demás, cómo enseñarles a combatir a sus demonios internos, cómo brindarles la posibilidad de observar el mundo con otros ojos.
Y eso, se convirtió en un factor que nos conectó.
El mero hecho de compartir emociones, ideales, sueños, esperanzas, alegrías y penas, todos fueron factores que le impidieron al hombre ser consumido por las sombras de su naturaleza imperfecta, y le permitieron levantarse en contra de las adversidades más feroces que imponía la vida, en pos de seguir los pasos danzantes hacia una muerte… que no se podía evitar.
Entre esos espacios que permitían las interacciones trascendentales, estaba la mente de cada individuo.
—. . . ¿Y bieeeeeeeeeeeeen? —una sonrisa ladina adornaba el semblante de un nuevo personaje, personaje nunca antes se había mostrado.
En la mente, uno podía crear lo que quisiera, y convivir con ello día a día.
—. . . —la pregunta fue respondida con un silencio, silencio que se conocía bastante bien. De la mano de un azabache que sentado se hallaba en una silla, apoyando los codos sobre la mesa con tal de que el dorso de sus manos sirviera como soporte de su mentón.
Y a su vez, formar lazos inquebrantables con sus creaciones.
— Si no me dices nada, pensaré que estás disgustado, mi niño —la curva en su rostro, pese a todo, no se veía alterada. Quizás por el simple hecho de saber con quién estaba tratando, por saber todo lo que acarreaba conversar con él. Seguía extendiendo con firmeza su celular al otro lado de la mesa que compartían.
Los castaños cabellos de la fémina se corrieron y taparon algunos sectores de su rostro, en consecuencia utilizó su diestra para retirarlos, con cuidado de no tocar los cristales de sus lentes y ensuciarlos.
Por otro lado, Kamukura Izuru permanecía contemplativo ante la pantalla, observando con claridad aquello que se le quería mostrar.
【 Izuru 『カムクライズル』
52.200 Tweets.
1.401 Follows.
2.002 Followers. 】
—Su entusiasmo se debe a los números, que se ven en su cuenta, Luz —fue su respuesta, su voz era serena y tan neutral como siempre. Con cuidado ladeó la cabeza hacia un costado y los cabellos azabaches llegaron a tocar el suelo—. ¿Cuál es el objetivo que espera alcanzar, al mostrarme estas cifras irrelevantes?
Aquél personaje nunca antes mencionado en la historia de Izuru Kamukura, no era nadie más ni nadie menos que el individuo que movía sus hilos, la mente maestra detrás de todas sus tragedias, y las manos que permitieron todos sus milagros.
Era su Usuaria, conocida en otros términos bajo el nombre de Luz.
Su nombre completo era Luz María, pero pocas veces contaba ese detalle.
Ella, en respuesta, bloqueó la pantalla del teléfono y lo dejó sobre la mesa.
— Quiero que me respondas la siguiente pregunta: ¿Qué crees que significan para mí esos números? ¡Me conoces lo suficientemente bien como para saberlo a la perfección!
Juntó ambas manos y apoyó sus codos, imitando la postura de Izuru, solo que a diferencia suya, ella llevó su rostro hasta el dorso de su mano, como si ambas fuesen una almohada para su cara.
El muchacho observó todo esto, y comenzó a hablar en respuesta a lo pedido por su User.
— Bajo su perspectiva, la cantidad de tweets representa el trabajo y esfuerzo invertido en la cuenta. Independientemente del uso que le dio a los mismos: social, difusión, o producción, cualquiera de los tres objetivos entran en sus parámetros de trabajo —frente a la voz tan serena del Ultimate Artificial Hope, la joven no pudo evitar ampliar su sonrisa.
— ¡Exacto! Yo sabía que ibas a leerme bien. ¿Qué más, que más? Me encanta escucharte.
El joven bajó las manos, dejando que sus manos se juntaran una vez llegaran a apoyarse en la superficie de la mesa.
— Las personas a la que sigue representan los vínculos que ha podido formar, aunque no pueda establecer contacto con todos. Sigue gente porque le interesa leer lo que producen, y busca hablar con el mayor porcentaje de ellos al no puede rolear con cada uno.
— ¡Entonces! Siguiendo el hilo de razonamiento que estás detallando con ejemplos, ¿Qué crees que para mí significan esas dos mil personas que ahora nos siguen?
Los carmines orbes del azabache analizaban los rasgos faciales de la muchacha enfrente suyo. Ella siempre dedicaba a las personas su rostro más auténtico, y expresaba con plenitud cada una de las emociones que sentía… porque no le gustaba fingir.
Su User no era de esas personas que podían sonreír mientras por dentro se rompían en pedazos.
Tras una pausa, Izuru respondió a la última pregunta.
— . . . Cada persona que le sigue ha de representar el fruto de su esfuerzo y trabajo, Luz. Independientemente del deseo de fama y aumentar las cifras con cada followback que reciben, la mayor parte de las personas siguen su cuenta por todo el sacrificio que implicó para usted.
— ¡Auch! ¡Ouh! ¡Ay! —en un gesto dramático, ella se llevó una mano a la altura del pecho—. Has herido mis sentimientos, ¡Porque me tratas con formalidades innecesarias! ¡A mí! ¡A quien te quiere tanto! —hablando con la elocuencia con fines de darle otras dimensiones al peso de sus palabras, se llevó su otra mano a la frente y mostró un gesto de dolor—. ¡Has herido mí corazón de patata! ¿¡Y sabes lo que eso significa!?
— . . . . —y él no se dejaba afectar por si actitud, no cambiaba la neutralidad de su rostro en ningún momento, ni siquiera alzó las cejas para expresar algo—. . . . Para usted no significa nada.
… parecían un meme.
— Ah, me atrapaste —retomó entonces la postura inicial, y la sonrisa ladina volvió a efectuarse—. Tienes razón, para mí no significa nada porque te quiero tal como eres. Un insensible con corazón de oro.
Sus manos se extendieron con tan de tomar las del muchacho. Y ninguno de los dos mostró alteración alguna por este gesto.
— Kamukura Izuru, tienes razón en todo lo que has dicho hasta ahora.

A Luz no le gustaba entablar esos contactos si los demás tenían la iniciativa para hacerlo, pero cuando ella era quien los hacía, podía demostrar todo su cariño con tan solo efectuar el roce.
— Eres mi niño. Eres la persona por la que he dejado mis ciento diez cuentas de rol sin arrepentimientos, por quien me he lanzado a un fandom que no conocía en profundidad y cuyas personas me intimidaban por lo bien que roleaban.
Porque así era, una muchacha que expresaba sus emociones hasta por los poros y un libro fácil de leer. Incluso en su rostro podía verse; aquella calidez y cariño que buscaba darle a todo el mundo.
— Eres el fruto de mi ingenio y el reflejo de mi racionalidad, la pieza maestra de mi arte y la medalla de oro que adorna mi cuello. Eres lo más preciado que tengo.
No llegaba a sonrojarse porque no sentía vergüenza, y en su lugar el sonrojo era reemplazado por una mirada llena de firmeza y convicción.
— ¿Me preguntaste cuál era mi objetivo al mostrarte esas "cifras irrelevantes"?
Era como si… ella eligiera todos los días querer a esa persona enfrente suyo.
— Yo… quería agradecerte por todo, Izuru.
Desde hace largo rato, su voz había abandonado las tonadas melodiosas que le adjudicaba con el fin de expresar sus emociones con más claridad, para dar lugar a la seriedad de las palabras que quería decir.
— Quería darte las gracias por permitirme entrar a tu vida, por dejarme indagar hasta el fondo de tu naturaleza y comprender ese corazón tan hermoso que tienes, el cual dices que es artificial.
Y Kamukura, mientras tanto, se mantenía observando todo. Sus ojos permanecían abiertos y no mostraban signos de sueño alguno. Le estaba prestando atención a su User pese a que no dijera nada o expresara algo.
— También… quería disculparme por todos los problemas que te he causado, mi niño. Por mi culpa has librado terribles batallas contra tus demonios internos. Nameless ha nacido gracias a mi causa, por querer mostrarle al mundo tu faceta suicida. Deus Ex Machina no queda excluido de la lista, porque él es el producto de un trastorno de personalidad múltiple, y haberte dado ese problema fue muy difícil para mí.
Porque de solo recordarlo, los pelos se le ponían de punta, y sus ojos se cristalizaban por la inminente amenaza de lágrimas. Luz era, a fin de cuentas, una muchacha muy sensible.
— No quisiera que creas que no me siento mal por haberte causado tantos problemas. Pero… ¿Sabes? Realmente… realmente me gustaría compensártelo, y me esfuerzo por hacerlo.
Ni siquiera dejó que las lágrimas se asomaran, se limpió cualquier indicio de las mismas y reprimió los deseos de hacerlo.
Ella no podía sonreír cuando se hallaba mal, pero no le gustaba llorar frente a otras personas.
— Quiero que conozcas gente que te quiera, que puedan ayudarte a construir tu humanidad. Si fuera por mí erradicaría todas esas falsas creencias que dicen que nunca podrías amar a otras personas, de que nunca dejarás de ser un antagonista que se aburre por todo. Quiero demostrarles que ese corazón que tienes ese prec--
— Es ilógico.

Dos palabras cayeron en seco e interrumpieron las de ella.
— ¿…Eh? —atónita, no existía mejor palabra que la describiera en ese momento.
Kamukura Izuru permaneció en su lugar, parecía ni siquiera inmutarse de las reacciones adversas frente a su actitud.
Continuó hablando.
— Es ilógico que se crea en la necesidad de agradecerme, Luz —palabras frías, que no dejaban salir ni siquiera una mísera melodía. Así era el muchacho a fin de cuentas—. Tampoco tiene sentido que se disculpe por cumplir el rol que tiene la vida sobre todas las formas que arrastra consigo: un ciclo de tragedias y milagros.
Confusión, los párpados de la castaña se abrieron con tal de mostrar su sorpresa. No esperaba que el contrario siquiera tuviera la iniciativa de decirle algo.
— ¿A qué te refieres con eso?
— Carga con usted los problemas que le otorga a personajes ficticios, como si el mero hecho de interpretarlos no significara un gran sacrificio.
— . . .
— Como si no sintiera ansiedad y depresión cuando les hace pasar por etapas difíciles.
— . . . Eso no es importante.
— Como si no invirtiera una gran cantidad de horas en su día a día en redactar cada respuesta.
— ¡Eso mucho menos!
— Como si no experimentase las consecuencias de estar tanto tiempo frente un dispositivo.
— … ¡Para eso me puedo organizar!
— No hay organización que apacigüe sus deseos de llegar a todos los rincones del mundo. Para usted nunca es suficiente, Luz.
— Izuru…
— Cada crítica es tomada a niveles más grandes de los que debería, sus miedos de derrumbar toda su construcción aumentan cada día.
— ¡Izuru!
— Es ilógico que celebre el fruto de logros que conllevaron un sacrificio más grande del que puede acarrear.
Y las palabras de Kamukura Izuru se vieron irrumpidas por un sonido brusco. Luz había soltado las manos del azabache para golpear la mesa con fuerza.
— Ya basta.
Aquellas manos comenzaron a temblar, a la vez que el rostro de una muchacha plenamente expresiva, mostraba a grandes rasgos el dolor que no le gustaba mostrar en público.
Ella no era una persona que fingiera sus emociones, pero nada le impedía salir corriendo cuando sabía que no era capaz de mantenerse firme. Y lamentablemente en ese caso, no pudo correr, no pudo esconderse para liberarlo todo.
Porque le habían dejado contra la espada y la pared, y no tenía sentido huir.
— Dime… Izuru. ¿Qué tiene de malo… querer aprovechar las cosas lo más que se pueda?
La seriedad había abandonado la tonada con la que sus palabras eran dichas, porque los impulsos de sus emociones la golpeaban con tanta fuerza en ese momento, que se quebrantaba paulatinamente.
— ¿Qué más da si duele? ¿Si me esfuerzo un poco más? ¿Qué más da si debo quedarme hasta la madrugada pensando y eligiendo minuciosamente… las palabras a utilizar para describir con exactitud el estado de cada fibra de tu ser?
Hacía pausas enormes entre oración y oración, como quien está tratando de no ahogarse con todas las adversidades que quieren tirarle abajo con tal de decir algo.
— ¿¡Qué más da!? ¡Si tú te mereces eso y mucho más! ¿¡Sabes lo poco que me importa que seas real o no!?
Aquella voz aclamaba.
— ¿¡Sabes lo poco que me importan mis miedos e inseguridades, si con ellas puedo esforzarme para que los demás puedan apreciar lo que soy capaz de transmitir!?
Aquella voz rota por sus emociones rebasadas, estaba gritando para ese punto.
— ¿¡A quién demonios le importa lo que me cueste interpretarte, si con ello puedo dejar algo en los corazones de los que interaccionan contigo!? ¡¡Dímelo!! El tiempo se me acaba y siento que no pude hacer lo suficiente. Que no importa lo que haga, no será suficiente nunca.
Y las lágrimas se asomarían por esos ojos, cayendo una por una, realizando un recorrido por todo su semblante hasta acabar sobre la mesa.
— Siento que el tiempo me pisa los talones, y en un abrir y cerrar de ojos todo esto se habrá acabado. Que mis amigos se irán a seguir con sus vidas, que yo no tendré lugar en mi cronograma para redactar una sola respuesta de rol ¿¡Sabes por qué!? ¡Porque ésta es solo una etapa, y las etapas deben acabarse en algún momento! Siento que te voy a alejar de mí por interesarme en otras cosas, como hice con todo a lo largo de mi cortísima vida… y que todo lo que hice hasta ahora quedará en la nada, y se desvanecerá con el paso del tiempo.
Aquellas emociones que agolpaban su espíritu con tanta fuerza, acabaron desembocando en un llanto inconsolable. Luz no aguantaba escuchar su voz quebrada, no aguantaba sentirse tan débil, no se aguantaba ni a sí misma.
— Tienes razón… estoy siendo ilógica. Estoy siendo una persona estúpida.
Por lo que simplemente cerró los ojos con fuerza, sin importar si luego le quedaba doliendo a causa del esfuerzo. Quería que esas lágrimas dejaran de salir, y no lo conseguía. Su cuerpo había comenzado a temblar y eso solo empeoraba su imagen que tanta pena daba.
… que asco.
Ella... realmente se odiaba a sí misma.
— Realmente es imposible dejar una huella en todas las personas. Es imposible querer conmover a todos, demostrarles que no existe individuo en el mundo que no merezca cariño y aceptación. Es… irracional.
Podía verse en todo su esplendor, la imagen de una niña. Una pequeña niña que no quería afrontar el pasar del tiempo, que no quería perder las cosas más valiosas que tenía. Una niña que quería salvar al mundo con su arte, una niña que no quería crecer.
Los sollozos se hicieron presentes, porque ya no tenía nada más que decir. Las manos temblorosas que quedaron sobre la mesa, poco a poco fueron alzadas con el fin de aproximarlas a su rostro y taparse.
No obstante…
— Se equivoca.
Una bala de la verdad había sido disparada, con el fin de quebrantar todas las murallas que encerraban el corazón de esa joven, a la par del sonido de un cuerpo en movimiento… Kamukura Izuru se levantó de su asiento, se inclinó sobre la mesa y con el debido cuidado tomó las muñecas ajenas, impidiendo que oculte su rostro con las palmas de sus manos.
Ella sentía mucha vergüenza cuando la gente le veía llorar, por lo que no sabía dónde meterse para que el azabache no lo hiciera

— La estupidez no radica en tener sueños o anhelos, sino que se presenta cuando se los niega sin justificación alguna.
Aquel joven que todo este tiempo estuvo escuchándola, estaba esperando por ese momento. Sabía que en algún momento su User se iba a quebrar por el peso de sus propios actos, por llevar una carga tan pesada sin siquiera rechistar. Lo había predicho, porque él era un analista.
Y era momento de tomar su papel como Ultimate Hope.
Antes de sentarse otra vez, tomó el celular de Luz, y comenzó a indagar en el mismo. Encontrando así, las cosas que buscaba.
— “La clave no es que se termine la etapa. Porque debes avanzar, y no saldrá nada bueno de eso. La clave es que las etapas deben seguir su curso, pero él las vivirá todas contigo.” Palabras del User que maneja a Minori Mitsuharu.
La muchacha enfrente de Izuru, no dejaba de llorar, pese a observarlo y tratar de prestar atención a lo que decía, tenía que limpiarse las lágrimas que no dejaban de salir.
Nada de eso le impidió al inexpresivo muchacho continuar.
Buscó entre los audios de sus chats de Whatsapp, y reprodujo uno.
— “Black Rock Shooter fue mi primer personaje, y nunca me cansaré de rolearla” —la voz del User de Shinrioga Kizuya se hacía escuchar en toda la habitación.
Así, poco a poco, el muchacho le fue mostrando a su propia User las capturas, los chats, los audios, de todos y cada uno de los individuos que admiraba.
— Es imposible que los logros en cada etapa de la vida no acaben dejando su huella en la persona que las vive, Luz. Decir que todas sus experiencias se desvanecerán… es más irracional que su imaginaria carrera contrarreloj para “salvar al mundo”.
Una voz que carecía de calidez resonaba dentro de la cabeza de aquella muchacha que poco a poco calmaba sus temblores.
Una voz que erradicaba sus demonios internos sin piedad ni clemencia, utilizando como armas las verdades empíricas que imperaban en la naturaleza de la vida.
— Su madre le ha dicho, que no importa salvar, reparar, cambiar, dejar la huella en toda la humanidad. Solo basta con marcar a una persona, para que ella haga lo mismo por los demás.
Una persona que no tenía motivaciones para vivir, estaba impulsando a otra a que hiciera cumplir sus sueños dentro de los parámetros racionales. ¿Qué tan extraño podía ser eso?
Porque curioso resultaba ser, que aquello que ese muchacho decía, tenía un gran efecto en su User. Las lágrimas dejaron de salir, pero su espíritu seguía alborotado.
— El tiempo avanza, las etapas transcurren, es imposible que una persona deje atrás varios elementos y/o personas que en su momento fueron imprescindibles para su vida.
Él no expresaba nada, pero si hacía que ella sintiera más cosas de las que podía describir en palabras.
El chico que todavía no había desarrollado su humanidad, le estaba demostrando a otro individuo cuán humano podía llegar a ser.
— Sin embargo, no significa que aquello o aquellos que deja atrás, deje de acompañarle hasta el final de sus días.
Con toda la claridad del mundo en su labia, Kamukura Izuru se encargó de que Luz María pudiera regresar los pies a la Tierra.
…
Y no solo eso.
— . . .
Le había ayudado a alzar la vista hacia el frente, con el objetivo de que siguiera transitando por el camino que eligió transitar por voluntad propia.
Un camino lleno de sueños sin un final.
— Gracias….
La tormenta se había disipado, y su voz nuevamente se escuchaba con claridad. La inseguridad abandonó sus ojos, y fue reemplazada por una emoción mucho más valiosa.
Ella estaba conmovida por la esencia de la persona que tenía enfrente. Tanto, que nuevamente tomó sus manos, las envolvió con las palmas de las propias, y las movió hasta llevarlas hasta la altura de su pecho. Inclinó su cabeza lo suficiente, como para que sus labios contactaran con su piel.
Parecía ser… que estaba buscando proteger a ese chico, resguardarlo en su corazón y llevarlo consigo hasta el final de sus tiempos.
— Gracias, mi niño…
Porque para ella, significaba mucho más que un mero personaje.
Kamukura Izuru aquello que ella nunca podría ser, y que en sus momentos más depresivos imploró convertirse. Era su Alter Ego, y lo que apreciaba con todo su corazón.
Él era el estereotipo de ser humano que ella siempre quiso salvar, y que por tanto tiempo había buscado sin siquiera saber de su existencia.
Era el factor que la motivaba a querer transmitir sus sentimientos a otros, y el medio por el cual anhelaba enseñarles a las personas… una forma más de ver el mundo, que pintado estaba por muchos colores.
Y de eso, sólo sabía estar agradecida.
Los ojos cerró conforme afianzaba el agarre que tenía con las manos ajenas sobre su pecho. Y él… seguía siendo el mismo de siempre, neutral en todas sus formas de expresión. A Luz no le molestó ese hecho, porque no podía dejar de estar feliz.
Tenían tanto por vivir, porque su viaje apenas empezaba.
Y no pensaba soltar su mano en ningún momento.
— Gracias por todo.
